Cuidadín con la realidad
Interesante artículo en el Boston Globe sobre nuestra capacidad de ignorar la realidad cuando no cuadra con nuestras ideas. Supón que tu opinión sobre algo sea palpable, palmaria y demostrablemente errónea: lo más probable es que si alguien te intenta corregir no sólo no lo consiga, sino que refuerce tu error. Cuanto más fuerte la creencia, cuanto más importante sea para ti, cuanto más sepas sobre el tema, menos probable es que se te pueda corregir.
Resulta de Perogrullo para cualquiera que haya crecido en España, o que haya hablado alguna vez con adeptos de escuelas mágicas de sanación. Pero ahora tiene marchamo de credibilidad, gracias a estudios serios de científicos con papeles.
Atarse los zapatos
El otro día dí con una web sobre métodos para hacerse el lazo de los zapatos. Doetoe y yo estuvimos jugando y nos lo pasamos pipa aprendiendo a hacer un par de lazos. Imprescindible en el hogar.
Los más interesantes: el Ian Knot, para el día a día, y el Secure Knot para deportistas.
La contundencia del ministro de trabajo
Lo he escuchado esta tarde en la radio. Corbacho, don Celestino, sentando cátedra sobre el paro con ocasión de los cuatro millones de inscritos en el INEM:
Creo que podemos casi afirmar que estamos probablemente ya al final del ajuste en el empleo.
Sí señor. Con un par de huevos. Torero. Menos mal que
tenemos dirigentes que mandan mensajes inequívocos, porque si
no podríamos no saber dónde estamos ni a dónde nos llevan y
dudar, Dios nos libre, de que sepan lo que hacen.
Claro que tampoco puede afirmar, la criatura, que va a empezar a arreglarse la cosa, así, sin más; que el diablo las carga, y las predicciones son cosa muy arriesgada —sobre todo si son sobre el futuro y a micrófono abierto. Así que se entiende que el hombre no cargue las tintas y nos diga que cree que puede casi afirmar que probablemente. A lo mejor.
Que no es que sea mojigato ni un chiquilicuatre que no se moja, sino que toma una postura dialogante en el debate social para conseguir el consenso. No sea que cuando lleguemos a los cuatro millones y medio, dentro de unos meses, alguien se vaya a acordar de lo que dijo y lo saque de contexto.
El mindstorm de los niños
Esta tarde hemos jugado por primera vez con el Lego Mindstorm que Natalia regaló a los niños. Da un poco de vergüenza que nos haya costado tanto empezar, pero cuando se pusieron ellos hace un tiempo no se aclararon, y hasta hoy no hemos tenido la combinación de tiempo y moral paterna necesarias.
Nos lo hemos pasado pipa. Nos lo hemos llevado a Corçà (tenía que llover) y mientras los niños intentaban montar un robot papá y yo hemos instalado el sistema en su Mac. No ha sido totalmente trivial, porque el CD que te llega en la caja viene con una versión estropeada del software, pero al final ha funcionado. Entonces hemos descubierto cómo se programaba y se lo hemos enseñado a los niños. Pepe no lo ha acabado de entender, pero JM no ha tenido ningún problema (se notan los dos años de diferencia; tendré que volvérselo a contar otro día al pequeño).
JM ha hecho un primer programa para un cacharro que girara cuando veía algo delante, y después hemos montado el trasto entre los dos para probarlo. No ha funcionado a la primera —naturalmente— pero en un par de iteraciones hemos tenido el trasto en marcha, maniobrando por el comedor sin ningún problema, girando hábilmente cuando estaba a punto de topar con algo:
Después le ha añadido un micrófono, y ha cambiado el programa para que se parara durante un par de segundos cuando alguien le grita. Es fascinante, porque cuesta no verlo como un bicho inteligente. Y es un robot que se programa en diez minutos, con un par de sensores:
Ha sido una tarde genial. Los niños han llegado a Corçà pensando que un robot era una cosa mágica a la que le decías algo y respondía, y se han ido con una idea muy clara de cómo hacer uno, y un montón de ideas sobre lo que se puede conseguir: al llegar a casa, mientras yo hacía la cena, JM le ha añadido un sensor de luz, y ha hecho que se pare cuando se queda a oscuras.
Es uno de los mejores efectos secundarios de tener niños de esta edad (y hermanas que hacen regalos estupendos): no tienes más remedio que pasar tiempo de vez en cuando jugando con sus juguetes.
El mindstorm de los niños
Esta tarde hemos jugado por primera vez con el Lego Mindstorm que Natalia regaló a los niños. Da un poco de vergüenza que nos haya costado tanto empezar, pero cuando se pusieron ellos hace un tiempo no se aclararon, y hasta hoy no hemos tenido la combinación de tiempo y moral paterna necesarias.
Nos lo hemos pasado pipa. Nos lo hemos llevado a Corçà (tenía que llover) y mientras los niños intentaban montar un robot papá y yo hemos instalado el sistema en su Mac. No ha sido totalmente trivial, porque el CD que te llega en la caja viene con una versión estropeada del software, pero al final ha funcionado. Entonces hemos descubierto cómo se programaba y se lo hemos enseñado a los niños. Pepe no lo ha acabado de entender, pero JM no ha tenido ningún problema (se notan los dos años de diferencia; tendré que volvérselo a contar otro día al pequeño).
JM ha hecho un primer programa para un cacharro que girara cuando veía algo delante, y después hemos montado el trasto entre los dos para probarlo. No ha funcionado a la primera —naturalmente— pero en un par de iteraciones hemos tenido el trasto en marcha, maniobrando por el comedor sin ningún problema, girando hábilmente cuando estaba a punto de topar con algo:
Después le ha añadido un micrófono, y ha cambiado el programa para que se parara durante un par de segundos cuando alguien le grita. Es fascinante, porque cuesta no verlo como un bicho inteligente. Y es un robot que se programa en diez minutos, con un par de sensores:
Ha sido una tarde genial. Los niños han llegado a Corçà pensando que un robot era una cosa mágica a la que le decías algo y respondía, y se han ido con una idea muy clara de cómo hacer uno, y un montón de ideas sobre lo que se puede conseguir: al llegar a casa, mientras yo hacía la cena, JM le ha añadido un sensor de luz, y ha hecho que se pare cuando se queda a oscuras.
Es uno de los mejores efectos secundarios de tener niños de esta edad (y hermanas que hacen regalos estupendos): no tienes más remedio que pasar tiempo de vez en cuando jugando con sus juguetes.
Suscríbete